Jan. 20th, 2013

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Información general

Nombre completo: Penelope "Penny" Lang
Fecha de nacimiento:
11/09/1995
Lugar de nacimiento:
Londres
Lugar de residencia:
Londres
Altura:
165 cm
Color de ojos:
Celeste
Color de cabello:
Pelirrojo
Color de piel:
Clara, pecosa
Sangre:
pura
Casa y año:
7mo Ravenclaw
Varita:
27 cm, fibra de corazón de dragón, nogal.
Otros: Dice ser nacida muggle y estar muy orgullosa de ello.



Apariencia

Su desenvoltura y brío al caminar pueden que sean dos de los factores que la hacen parecer más alta de lo que realmente es. Tiene sus inseguridades, de todo tipo, como cualquier adolescente, escondidas tras la actitud de llevarse al mundo por delante. Su seriedad habitual puede ponerla en una situación, que ella no busca de manera consciente, de inaccesibilidad y distancia respecto a sus pares. La primera impresión que da no es, para nada, la de alguien con la que se pueda entablar una amistad rápidamente.

Penelope está en la edad en la que se preocupa mucho por su imagen y quiere lucir lo mejor posible aunque no sabe cómo rayos lograr eso. Como si eso fuera poco, no quiere ganarse el rótulo de muchacha superficial por dedicarle mucho esmero apariencia. Quiere tomar riesgos con prendas que anteriormente no había usado jamás por su propia voluntad (faldas, vestidos ¡tacones!) pero termina acobardándose y yendo a los viejos conocidos jeans y camisetas. Está dando sus primeros pasos en el maquillaje y se limita a delinearse los ojos a diario (son su parte favorita del cuerpo, la única que considera interesante). Cuida su cabello largo, levemente ondulado, que suele llevar suelto y sin adornos. Los únicos accesorios que utiliza son sus anillos. Plateados, delgados, con algunas piedras incrustadas o simplemente labrados. Son baratijas, afortunadamente: suele perderlos y dejarlos olvidados, por la mala costumbre de quitárselos porque sí.

Usa el uniforme con gusto, ya que le quita el dilema existencial del ‘qué me pongo’ de encima. Es difícil verla usando algo que no sea el uniforme durante un día de semana. La camisa, su suéter y la túnica le quedan demasiado grandes y le quitan las pocas curvas que tiene. La falda termina sobre sus rodillas: más larga sería ridículo y no se anima a usarla más corta.


Personalidad

El modo de ver la vida de Penelope se puede resumir en una frase: Las acciones dicen más que las palabras. Aunque a veces fluctúa a ‘haz lo que yo digo pero no lo que yo hago’, Penelope cree que la manera más clara y directa de conocer a los demás es viendo su comportamiento, sin atender a lo que dicen. Es, entonces, una simple cuestión de observar a los demás para conocerlos, o al menos juzgarlos. No siempre está en lo correcto con ese método de analizar a la gente y se lleva más de una sorpresa por eso.

No tiene discusión para ella es que todos los sangre pura tienen la semilla del purismo, algo que aborrece con pasión. Defiende con uñas y dientes las ideas más integradoras del mundo mágico y no duda en etiquetarse como una orgullosa bruja mestiza. Para ella, todas los seres (incluso los licántropos) son iguales y deberían ser valorados por lo que ellos hacen con sus vidas, no por el apellido o su linaje... o momentos peludos del mes. Es obstinada y orgullosa, así que se desvive por tener la última palabra en discusiones de temas así de profundos y en tonterías tales como si el saquito de té se pone antes o después de servir el agua caliente en la taza.

Es una buena alumna, de las que llegan primeras al aula, se sientan delante de todo y son las últimas en retirarse de la clase. Respeta a sus superiores, pese a que le cuesta un poco tomar directivas de gente que es demasiado prepotente. Aunque sus padres no la presionan en lo académico, para ella es muy importante tener buenas calificaciones, las mejores de ser posible. Cree que su fuerte es lo intelectual y quiere destacarse por ello. Es tan Ravenclaw que suele ofrecer su ayuda con la tarea a los que ven muy perdidos o haciendo las cosas mal; si algo puede mejorarse, ella tiene la compulsión de mejorarlo.

A veces le cuesta entender por qué sus opiniones no son bienvenidas, cuando las ofrece tan sinceras y sin malas intenciones. Cualquier charla entre terceros que Penelope puede oír, es una charla en la que cree tener derecho a entrometerse y participar. Intenta callarse, pero es más fuerte que ella dar su punto de vista y enterarse de lo que pasa a su alrededor. Puede que no lo acepte, pero es curiosa más allá del ámbito académico y se desvive por escuchar lo que no debería escuchar, leer cartas que no son para ella; saber más del resto del alumnado de lo que ellos querrían que sepa.

Para Penelope, su lugar es con los libros y el mundo social de los adolescentes es un lugar tentador pero aterrador y absolutamente extraño para ella. Le encantaría tener más amigos, pero le cuesta horrores dar con una manera de acercarse a sus compañeros que no sea ayudándos con la tarea o diciendo qué es lo que piensa de temas en los que no la invitaron a conversar. Suele ponerse bastante nerviosa con los que intentan conocerla mejor y se paraliza, huye despavorida, ante cualquier intento de coqueteo. Tiene la excusa de que es más importante tener buenas notas y que no está para  pensar en chicos (aunque lo hace).


Gustos

Aunque intenta tener una dieta balanceada, tiene un gusto especial por las cosas dulces que se nota a la hora del postre. Los pasteles de chocolate son sus favoritos, sobre todo si son los que prepara su padre. No es remilgada con la comida pero las sopas no le agradan mucho y las evita cuanto puede.

Casi todas las clases son de su agrado, aunque le tiene más cariño a aquellas en las que le va mejor. Historia de la Magia, Aritmancia y Herbología son sus favoritas, no necesariamente en ese orden. La única materia con la que tiene problemas y calificaciones promedio es Adivinación, materia que tomó porque la Adivinación es una rama de la magia que a su madre le fascina.

Le gusta leer y no discrimina ningún género de ficción, aunque le da algo de vergüenza que la vean con las narices entre las páginas de una novela romántica. Sus padres se encargan de mandarle libros periódicamente, así que tiene títulos tanto muggles como mágicos. Siempre pide libros de la biblioteca, de todos modos, y suele tener varios libros en lectura a la vez (¡no al mismo tiempo, lamentablemente!)

Los deportes le dan lo mismo, sobre todo porque ella es muy mala en ellos y sufre de vértigo, así que volar no es algo en lo que piense cuando se permite tener tiempo libre. Le gusta caminar en los terrenos de Hogwarts y ahí termina su actividad física. Cocinar es un pasatiempo para ella, pero no puede hacerlo en el castillo ya que los elfos domésticos no la dejan hacer nada y se ponen muy nerviosos cuando ella expone lo que piensa de las pésimas condiciones de vida que los pobrecitos llevan.



Familia

Los Lang cumplían quince años de casados cuando Penelope llegó a la familia. Habían intentado tener hijos por su cuenta, pero nunca lo lograron. Susan Lang, a sus cuarenta y tantos años, se enteró del caso de la niña Bancroft a través de su hermano, que trabajaba en el ministerio. Luego de hablarlo con su esposo, William, empezaron los trámites para adoptarla. Penelope tenía cuatro años en ese momento y, pese a no entender mucho qué pasó con sus padres, pudo adaptarse a su nueva familia. Para Penny, como le dicen sus papás, la familia Lang es su familia y sus padres biológicos no son nadie en su vida. Ella no habla acerca de su adopción y es un tema difícil de tratar para con los demás, por más que esté contenta con su hogar, ya que no sabe qué opinarán al respecto.

Susan Lang es una bruja media sangre, ex Hufflepuff, que trabaja como enfermera en San Mungo, donde la conocen por ser la señora regordeta que lee las palmas de las manos y las borras de café de sus pacientes y familiares. Quiere ser la mejor amiga de su única hija aunque a veces la avergüenza por ser tan efusiva y cariñosa. Le gustaría ver a su hija menos comelibros, con más vida social, y siempre está alentándola al respecto.

El padre de Penny es muggle y un maestro pastelero. Tiene una modesta pastelería que también sirve bebidas calientes, pero que obtiene la mayor cantidad de ganancias de las ventas para llevar. Es unos años menor que su mujer, que lo sorprendió al confesarle que era una bruja. Todo fue muy extraño para él por unos cuantos meses, hasta que terminó acostumbrándose y ahora, con dos brujas en su familia, la magia es bastante pintoresca, incluso agradable. No se puede relacionar mucho con su hija por el lado de la magia y no entiende mucho del tema (salvo que hace que los platos estén limpios, que la casa esté impecable...), así que busca tener momentos de padre e hija en la cocina y en la pastelería.

Los Bancroft son una familia purista, muy arraigada al suelo británico, que comenzó su éxodo a lugares del mundo más tradicionalistas en cuanto los tiempos comenzaron a cambiar y la sociedad mágica comenzó, tácitamente, a hacerse más abierta a los mestizos y nacidos muggles. Penelope sabe muy poco de sus padres biológicos, salvo sus nombres y que eran los únicos Bancroft en las islas cuando fueron atrapados y enviados a Azkaban por delitos de intolerancia de los que desconoce detalles. No le interesa saber más y, menos que menos, que los demás sepan de sus orígenes.



Historia

Recuerda poco de su vida como una Bancroft y de esa época sólo le quedó su dragón de peluche, el que sigue ocupando lugar en su cama. Únicamente recuerda una casa grande, solitaria; elfos domésticos y muchas cenas de sus padres con otros magos sangre pura, en las que se aburría y cansaba de que la trataran como un adornito.

Susan y William fueron los padres que siempre quiso tener. Atentos, cálidos, interesados por ella, cariñosos. No le costó nada adaptarse a la nueva familia, aunque poco después vinieron las preguntas respecto a lo que pasó con sus padres biológicos; una etapa en la que aprendió a tenerle miedo a su pasado y a las maneras de ser de los magos más conservadores.

Los Lang decidieron que lo mejor sería que comience a estudiar con niños muggles para hacerse algunos amigos, pero era una chica tímida, bastante insegura,  que no supo encajar entre sus compañeros. Siempre le quedaban los libros de colorear, luego la lectura, y, por supuesto, sus padres para ser feliz.

La carta de Hogwarts era algo para lo que estaba preparada, ya que había dado muestras de magia. No sabía qué iba a encontrarse en el castillo, y durante sus primeros años mantuvo un perfil bajo. Con el paso de los años, comenzó a salir de su cascarón y darse a conocer con su manera de ser tan peculiar, que algunos pueden tildan de ‘pesada’.



 



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