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2013-03-09 10:14 pm

(no subject)

Información general
Nombre completo: Conrad Mason Middlebury
Fecha de nacimiento:
30/8/1996
Lugar de nacimiento:
Chudley
Lugar de residencia:
Chudley
Altura:
188 cm
Color de ojos:
Celeste
Color de cabello:
Rubio Cenizo
Color de piel:
Clara
Sangre: Media Sangre
Casa y año: 6t
o Ravenclaw
Varita:
29 cm, pluma de fénix, ébano



Apariencia
Conrad es un muchacho atlético y muy activo, al que le encanta pasar el tiempo sobre su escoba, al aire libre. Es alto para su edad y corpulento, fibroso y de brazos fuertes. Aunque en el aire es tan ágil como su escoba se lo permite, en tierra es bastante torpe y tiende a llevarse cosas por delante.

La mayoría de su ropa es de segunda mano y los pantalones tienden a quedarle cortos, revelando calcetines desgastados, agujereados. Sus zapatos gastados son tan cómodos como feos. La corbata le incomoda e intenta sacársela aunque lo regañen, la túnica de Ravenclaw le llega hasta la mitad de los antebrazos y tiene unos agujeros debido a algunas pociones que le salpicaron en clase. Cuando no utiliza el uniforme, lleva ropa holgada y cómoda. Por supuesto, ningún adorno ni nada lujoso. No tiene los medios para ello, aunque así lo quisiera.


Personalidad

Es un muchacho al que lo académico no le llama la atención, aunque tiene facilidad. En clase es un compañero poco atento, poco involucrado y que suele distraer a los demás hablándoles o molestándolos de puro aburrimiento. Su comportamiento no es el mejor, claramente, aunque intenta rectificarse antes de que lo castiguen (demasiado).

Antes de las responsabilidades, está todo lo demás. Sus amigos, volar, una siesta... y termina siendo bastante mala influencia. Es un eterno postergador y sin la presión de una fecha de entrega inminente, no hará nada de nada. Todos los que intenten convencerlo de que sea un poco más responsable, lograrán enojarlo, y nada más.

Es muy sensible a las críticas de los demás, de ofenderse rápidamente y de mal temperamento cuando se siente presionado. No le gusta que le repitan las cosas varias veces, que lo traten de idiota o le señalen sus defectos. Es tan orgulloso como un muchacho de su edad puede ser y fácil para las excusas e inventar justificaciones. Ni hablar lo difícil que es para él aceptar que estaba equivocado; prefiere alterar sus palabras con tal de seguir teniendo 'la razón'.

No le cuesta tomarle cariño a la gente, pero sí al revés. No es muy delicado con sus tratos y no tiene tacto. Le gusta ponerle apodos a la gente y decirle en la cara en qué se equivocan. Confía rápido también, aunque intente mostrarse más difícil y distante. No sabe pedir perdón, pero tampoco cómo manejarse cuando se lo piden.

Cuando las chicas se le acercan, suele ponerse un poco nervioso aunque no le atraigan a primera vista. Es de los muchachos que confunden simpatía femenina por interés, aunque no por sentirse atractivos. Él, particularmente, no se siente así. Le pasa por ilusionarse rápido. Afortunadamente, es precavido en ese sentido, ya que no querría llegar a lucir como un idiota  por ser rechazado.

Un tema sensible para él es la economía. Su padre es muy ahorrativo, lo que los lleva a vivir una existencia severa y espartana. Aunque recibe una mesada, no sabe administrarla bien cuando se le mete en la cabeza que quiere algo. Sabe pedir dinero prestado, aunque no devolverlo. Ante cualquier situación en la que pueda no pagar, ser invitado o recibir algo material, él se mostrará especialmente simpático. Eso sí, que nadie se atreva a decirle 'interesado' en la cara.



Gustos

Quidditch. El deporte de los magos siempre le ha fascinado y desde pequeño sabe que quiere ser un jugador profesional cuando sea grande. Su equipo favorito son los Chudley Cannons, fanatismo que heredó de sus padres como todo un bien familiar. Aunque no cree desempeñarse mal en ningún puesto, es mejor como golpeador. Además, le encanta batear cosas, es de lo más divertido.

Le encantan los dulces, las cosas saladas, las bebidas frías y las calientes, los postres y el tocino. Es un muchacho de apetito sano. En Hogwarts puede darse muchos gustos que en su casa no, así que aprovecha y se escapa a menudo a las cocinas. Su bebida favorita en toda la galaxia es la cerveza de mantequilla. Se lamenta lo cara que es.

Las clases prácticas son menos aburridas que las teóricas. Por supuesto, la materia que menos le gusta es Historia de la Magia. La que más le agrada es Cuidado de las Criaturas Mágicas, cuando están en contacto con criaturas de verdad, ya que a él le encantan los animales.


Familia
Norman es el jefe del hogar, el que se encarga de llevar el pan a la mesa. Aunque lleva un apellido que tuvo renombre entre los sangre pura, un altercado con duendes de Gringotts dejó en la quiebra a su abuelo y, desde entonces, la familia ha vivido una existencia mucho más modesta. Desde que terminó su séptimo año como Gryffindor en Hogwarts, trabajó para el autobús noctámbulo. Primero como vendedor de boletos, luego como conductor. No gana un gran sueldo pero alcanza para vivir dignamente. El resto, lo ahorra y sólo lo utiliza de a cuentagotas.

Su esposa, Judith Poole, es hija de dos muggles y una mujer muy devota a su familia. Le encanta pasar tiempo con sus niños, disfrutar del aire libre. Planea volver a trabajar en cuanto sus niños más pequeños (Jeanine de 3, Charles de 4 y Martin de 7) sean más independientes.
Durante sus épocas de estudiante fue Ravenclaw.

Conrad es más apegado a su madre que a su padre, ya que poco ve a Norman. Sus hermanitos tienen una relación mejor entre ellos que con él, aunque lo respetan y quieren de todas maneras. Jeanine le tiene un poco de miedo, Charles lo idolatra y Martin se pone celoso rápido si mamá Judith le presta mucha atención al mayor.


Historia
Judith y Norman se pusieron de novios en su último año de Hogwarts, luego de una larga amistad ya que ingresaron juntos. Dado que los padres de Judith no terminaban de aceptar la magia y, menos que menos, al sabandija que estaba noviando con ella, a Norman le parecía que mudarse a vivir juntos era la única opción. Al año de la convivencia, nació el primogénito de la pareja, Conrad.

Conrad creció muy apegado a su madre, extrañando a su padre, que volvía del trabajo cuando él ya dormía y se iba antes de que él se despertara. Los mejores recuerdos de su infancia son en los que están los tres (papá, mamá y él), yendo a los partidos de su equipo favorito, los Chudley Cannons. Las cosas cambiaron cuando nació Martin. El dinero nunca fue una preocupación, pero entonces comenzaba a serlo. Su madre tuvo que ocuparse más del recién nacido y, aunque Conrad la ayudaba, la atención que recibía era diferente.

Recibió la carta de Hogwarts sin sorprender a alguien, ya que había mostrado señas de magia. Tampoco sorprendió mucho su desempeño mediocre en los OWLs. Preocupado, su padre tuvo una charla seria con él, recalcando lo importante que era para su futuro su educación superior.


Extras
Le encantaría tener una mascota. Cree que se conseguirá una en cuanto se independice, o en cuanto consiga un trabajo al menos.
Su escoba fue un regalo de su padre, cuando cumplió 14 años. Es una Cometa 110, un modelo resistente y bastante gastado, pero igual de estable y confiable. Tiene unos 30 años y vio, al menos, 3 dueños.


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2013-01-20 10:43 pm

(no subject)

Información general

Nombre completo: Penelope "Penny" Lang
Fecha de nacimiento:
11/09/1995
Lugar de nacimiento:
Londres
Lugar de residencia:
Londres
Altura:
165 cm
Color de ojos:
Celeste
Color de cabello:
Pelirrojo
Color de piel:
Clara, pecosa
Sangre:
pura
Casa y año:
7mo Ravenclaw
Varita:
27 cm, fibra de corazón de dragón, nogal.
Otros: Dice ser nacida muggle y estar muy orgullosa de ello.



Apariencia

Su desenvoltura y brío al caminar pueden que sean dos de los factores que la hacen parecer más alta de lo que realmente es. Tiene sus inseguridades, de todo tipo, como cualquier adolescente, escondidas tras la actitud de llevarse al mundo por delante. Su seriedad habitual puede ponerla en una situación, que ella no busca de manera consciente, de inaccesibilidad y distancia respecto a sus pares. La primera impresión que da no es, para nada, la de alguien con la que se pueda entablar una amistad rápidamente.

Penelope está en la edad en la que se preocupa mucho por su imagen y quiere lucir lo mejor posible aunque no sabe cómo rayos lograr eso. Como si eso fuera poco, no quiere ganarse el rótulo de muchacha superficial por dedicarle mucho esmero apariencia. Quiere tomar riesgos con prendas que anteriormente no había usado jamás por su propia voluntad (faldas, vestidos ¡tacones!) pero termina acobardándose y yendo a los viejos conocidos jeans y camisetas. Está dando sus primeros pasos en el maquillaje y se limita a delinearse los ojos a diario (son su parte favorita del cuerpo, la única que considera interesante). Cuida su cabello largo, levemente ondulado, que suele llevar suelto y sin adornos. Los únicos accesorios que utiliza son sus anillos. Plateados, delgados, con algunas piedras incrustadas o simplemente labrados. Son baratijas, afortunadamente: suele perderlos y dejarlos olvidados, por la mala costumbre de quitárselos porque sí.

Usa el uniforme con gusto, ya que le quita el dilema existencial del ‘qué me pongo’ de encima. Es difícil verla usando algo que no sea el uniforme durante un día de semana. La camisa, su suéter y la túnica le quedan demasiado grandes y le quitan las pocas curvas que tiene. La falda termina sobre sus rodillas: más larga sería ridículo y no se anima a usarla más corta.


Personalidad

El modo de ver la vida de Penelope se puede resumir en una frase: Las acciones dicen más que las palabras. Aunque a veces fluctúa a ‘haz lo que yo digo pero no lo que yo hago’, Penelope cree que la manera más clara y directa de conocer a los demás es viendo su comportamiento, sin atender a lo que dicen. Es, entonces, una simple cuestión de observar a los demás para conocerlos, o al menos juzgarlos. No siempre está en lo correcto con ese método de analizar a la gente y se lleva más de una sorpresa por eso.

No tiene discusión para ella es que todos los sangre pura tienen la semilla del purismo, algo que aborrece con pasión. Defiende con uñas y dientes las ideas más integradoras del mundo mágico y no duda en etiquetarse como una orgullosa bruja mestiza. Para ella, todas los seres (incluso los licántropos) son iguales y deberían ser valorados por lo que ellos hacen con sus vidas, no por el apellido o su linaje... o momentos peludos del mes. Es obstinada y orgullosa, así que se desvive por tener la última palabra en discusiones de temas así de profundos y en tonterías tales como si el saquito de té se pone antes o después de servir el agua caliente en la taza.

Es una buena alumna, de las que llegan primeras al aula, se sientan delante de todo y son las últimas en retirarse de la clase. Respeta a sus superiores, pese a que le cuesta un poco tomar directivas de gente que es demasiado prepotente. Aunque sus padres no la presionan en lo académico, para ella es muy importante tener buenas calificaciones, las mejores de ser posible. Cree que su fuerte es lo intelectual y quiere destacarse por ello. Es tan Ravenclaw que suele ofrecer su ayuda con la tarea a los que ven muy perdidos o haciendo las cosas mal; si algo puede mejorarse, ella tiene la compulsión de mejorarlo.

A veces le cuesta entender por qué sus opiniones no son bienvenidas, cuando las ofrece tan sinceras y sin malas intenciones. Cualquier charla entre terceros que Penelope puede oír, es una charla en la que cree tener derecho a entrometerse y participar. Intenta callarse, pero es más fuerte que ella dar su punto de vista y enterarse de lo que pasa a su alrededor. Puede que no lo acepte, pero es curiosa más allá del ámbito académico y se desvive por escuchar lo que no debería escuchar, leer cartas que no son para ella; saber más del resto del alumnado de lo que ellos querrían que sepa.

Para Penelope, su lugar es con los libros y el mundo social de los adolescentes es un lugar tentador pero aterrador y absolutamente extraño para ella. Le encantaría tener más amigos, pero le cuesta horrores dar con una manera de acercarse a sus compañeros que no sea ayudándos con la tarea o diciendo qué es lo que piensa de temas en los que no la invitaron a conversar. Suele ponerse bastante nerviosa con los que intentan conocerla mejor y se paraliza, huye despavorida, ante cualquier intento de coqueteo. Tiene la excusa de que es más importante tener buenas notas y que no está para  pensar en chicos (aunque lo hace).


Gustos

Aunque intenta tener una dieta balanceada, tiene un gusto especial por las cosas dulces que se nota a la hora del postre. Los pasteles de chocolate son sus favoritos, sobre todo si son los que prepara su padre. No es remilgada con la comida pero las sopas no le agradan mucho y las evita cuanto puede.

Casi todas las clases son de su agrado, aunque le tiene más cariño a aquellas en las que le va mejor. Historia de la Magia, Aritmancia y Herbología son sus favoritas, no necesariamente en ese orden. La única materia con la que tiene problemas y calificaciones promedio es Adivinación, materia que tomó porque la Adivinación es una rama de la magia que a su madre le fascina.

Le gusta leer y no discrimina ningún género de ficción, aunque le da algo de vergüenza que la vean con las narices entre las páginas de una novela romántica. Sus padres se encargan de mandarle libros periódicamente, así que tiene títulos tanto muggles como mágicos. Siempre pide libros de la biblioteca, de todos modos, y suele tener varios libros en lectura a la vez (¡no al mismo tiempo, lamentablemente!)

Los deportes le dan lo mismo, sobre todo porque ella es muy mala en ellos y sufre de vértigo, así que volar no es algo en lo que piense cuando se permite tener tiempo libre. Le gusta caminar en los terrenos de Hogwarts y ahí termina su actividad física. Cocinar es un pasatiempo para ella, pero no puede hacerlo en el castillo ya que los elfos domésticos no la dejan hacer nada y se ponen muy nerviosos cuando ella expone lo que piensa de las pésimas condiciones de vida que los pobrecitos llevan.



Familia

Los Lang cumplían quince años de casados cuando Penelope llegó a la familia. Habían intentado tener hijos por su cuenta, pero nunca lo lograron. Susan Lang, a sus cuarenta y tantos años, se enteró del caso de la niña Bancroft a través de su hermano, que trabajaba en el ministerio. Luego de hablarlo con su esposo, William, empezaron los trámites para adoptarla. Penelope tenía cuatro años en ese momento y, pese a no entender mucho qué pasó con sus padres, pudo adaptarse a su nueva familia. Para Penny, como le dicen sus papás, la familia Lang es su familia y sus padres biológicos no son nadie en su vida. Ella no habla acerca de su adopción y es un tema difícil de tratar para con los demás, por más que esté contenta con su hogar, ya que no sabe qué opinarán al respecto.

Susan Lang es una bruja media sangre, ex Hufflepuff, que trabaja como enfermera en San Mungo, donde la conocen por ser la señora regordeta que lee las palmas de las manos y las borras de café de sus pacientes y familiares. Quiere ser la mejor amiga de su única hija aunque a veces la avergüenza por ser tan efusiva y cariñosa. Le gustaría ver a su hija menos comelibros, con más vida social, y siempre está alentándola al respecto.

El padre de Penny es muggle y un maestro pastelero. Tiene una modesta pastelería que también sirve bebidas calientes, pero que obtiene la mayor cantidad de ganancias de las ventas para llevar. Es unos años menor que su mujer, que lo sorprendió al confesarle que era una bruja. Todo fue muy extraño para él por unos cuantos meses, hasta que terminó acostumbrándose y ahora, con dos brujas en su familia, la magia es bastante pintoresca, incluso agradable. No se puede relacionar mucho con su hija por el lado de la magia y no entiende mucho del tema (salvo que hace que los platos estén limpios, que la casa esté impecable...), así que busca tener momentos de padre e hija en la cocina y en la pastelería.

Los Bancroft son una familia purista, muy arraigada al suelo británico, que comenzó su éxodo a lugares del mundo más tradicionalistas en cuanto los tiempos comenzaron a cambiar y la sociedad mágica comenzó, tácitamente, a hacerse más abierta a los mestizos y nacidos muggles. Penelope sabe muy poco de sus padres biológicos, salvo sus nombres y que eran los únicos Bancroft en las islas cuando fueron atrapados y enviados a Azkaban por delitos de intolerancia de los que desconoce detalles. No le interesa saber más y, menos que menos, que los demás sepan de sus orígenes.



Historia

Recuerda poco de su vida como una Bancroft y de esa época sólo le quedó su dragón de peluche, el que sigue ocupando lugar en su cama. Únicamente recuerda una casa grande, solitaria; elfos domésticos y muchas cenas de sus padres con otros magos sangre pura, en las que se aburría y cansaba de que la trataran como un adornito.

Susan y William fueron los padres que siempre quiso tener. Atentos, cálidos, interesados por ella, cariñosos. No le costó nada adaptarse a la nueva familia, aunque poco después vinieron las preguntas respecto a lo que pasó con sus padres biológicos; una etapa en la que aprendió a tenerle miedo a su pasado y a las maneras de ser de los magos más conservadores.

Los Lang decidieron que lo mejor sería que comience a estudiar con niños muggles para hacerse algunos amigos, pero era una chica tímida, bastante insegura,  que no supo encajar entre sus compañeros. Siempre le quedaban los libros de colorear, luego la lectura, y, por supuesto, sus padres para ser feliz.

La carta de Hogwarts era algo para lo que estaba preparada, ya que había dado muestras de magia. No sabía qué iba a encontrarse en el castillo, y durante sus primeros años mantuvo un perfil bajo. Con el paso de los años, comenzó a salir de su cascarón y darse a conocer con su manera de ser tan peculiar, que algunos pueden tildan de ‘pesada’.